
Sculpture by Prosser
A Khaled
Ayer fue muy rápido.
Se esconde en algún pliegue de las sábanas.
Hay momentos que vemos al Tiempo
moldear las siluetas
inefablemente en su flama.
Sobre la mesa,
emotivas y blandas fibras
cuelgan del cielo raso
como las trenzas sueltas
de una planta.
Reposan en los libros,
en el fondo de las tazas,
en el cobrizo aro
de algún pensamiento,
se dibuja la vida.
Leerlo sería adivinar
cuan serio fue
todo aquello que tocó tu mano.
El tiempo,
sus vestimentas sueltas
sobre la mecedora,
ajan quizás las coyunturas,
el desdoble de aquél beso
comiéndose la desnudez de mis brazos.
Recorrido de tenue luz sobre los arcos
de tus bellos ojos,
deshoja la amapola de este día
y desvanece en la claridad del celaje
la frágil ternura
de tu sonrisa.
Adentro,
su cera dulce hace un charco caliente,
su luz danzante desvanece
las alas de las polillas
y se escapa,
sal y arena entre los dedos.
Expira su curso en algún recodo
silente,
omiso a la doblez de tus manos
me aprieta la cintura.
Veo al tiempo
arrastrar sus pasos,
corrió con bríos;
salto tímido
al intrépido ardor de mi vientre.
Al volver,
fue verdad que fue nuestro,
cayó maduro
sueño en la boca,
y fue verdad que nos gustamos mucho,
y fue verdad que nos quisimos poco.
©ERA

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