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miércoles, 2 de noviembre de 2011

PÁJAROS SIN CIELO




De Subtilitate Rerum




El tercer día de septiembre en el año dos mil cinco del siglo veintiuno, durante las primeras manifestaciones del terrorismo mundial y la grieta económica que abre al gran abismo de las clases. En la hora cuando dicen que lo bueno es malo y el mal es bueno; era delfín y del principio de portentosos giros. Desafiante pluma sobre la pesa. Era de un optimismo que resulta falso a su poder. Caprichoso péndulo sobre el silencio de los caídos en el cruce abismal. Sólo un puñado busca la salvación y el alimento para el hambre del espíritu. Era que precede al advenimiento de La Gloria.

La fiebre es alta y trastoca en delirio. Los corazones desolados sucumben a una cura rápida.
Locuras,pestilencias que residen en el hígado del mundo(consideradas casos aislados de degradación) son hoy la expresión fatídica de la ictericia espiritual.


En el año cuando los ángeles empiezan a llegar y a tomar sus puestos, nadie cree en nadie.
La prédica de los líderes y la propaganda de bienestar en los ámbitos sociales se contradice en el seno de los asuntos más íntimos. Cada cual hace su pacto con la época. Desastres abundan en el año marcado por el temblor y el vómito del mar. Hileras de cadáveres yacen envueltos en banderas de paz. Amanece igual que siempre en el día más raro. Una generación pregunta a la otra qué hora es, y es la hora de cortar otro árbol y desplazar lo nativo para exigirle otra rueda a la maquinaria del “progreso”. Es hora de explotar minas recónditas en el cerebro.

A fines de los tiempos, el gehena de una ciudad despierta las 24 horas recibe en su caldera a la basura biológica de centenares de viajeros del vientre. Celebran el día de los muertos. Cargan sus santos y sus villanos en el viacrucis que marca la huella digital de su reinado. Los titulares se tragan el diario acontecer de una crisis endémica e implacable. Demonios en forma de drogas recreativas se infiltran por igual en los vecindarios de los suburbios,en la cámara judicial, en las manos de los cirujanos y de los niños marginados. No se sabe por qué llorar. La sangre corre, las cabezas ruedan,ya no es chocante el parricidio ni la suerte del tráfico humano.

Los puertos de entrada al universo físico son los elementos.
¿Hasta cuándo viviremos la ansiedad de morir?

Los ángeles han llegado en la rueda apocalíptica de las eras, abren el telón del fondo. La realidad suprema es otra escena. La escena del mundo va cambiando,sobre el espejo se refleja la visión de un día diáfano, de un horizonte sin límites. Empero, la gente emigra como bandadas de pájaros que han perdido su radar interno, las naciones huyen a donde hay más de lo mismo.



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