Proximidades nos esperan en el más pequeño gesto.
Quizás se nos escape,
emigre a nuestro subconsciente,
y se anide allí a poner sus huevos;
lectura que deja huellas,
y viene en sueños a componer
-sonámbula- una estampa.
En la estática, las intenciones cuentan,
cuentan momentáneamente.
Sus bocas salen de entre los juncos,
sus hombros,
sus uñas,
el perfume que encubre, quizás,
la fetidez de su miserable
condición de taciturno.
El hombre gris sentado
en la punta de la silla
sorbe el café,
incómodo, parece disfrutar
del manierismo que lo detiene
de levantarse a romper caras,
a escupirlas,
se queda en la inmovilidad de su ser,
y nadie se percata,
lo delatan talvez
Los ramalazos sangrientos
en el blanco de los ojos.
Cualquiera de esos otros labios
se muestran inquisitivamente prestos
a divulgar sus indiscretas denuncias,
cualquiera dibuja un boceto
de inconfundibles síntomas,
pero, es una aproximación tan solo,
abrirnos, una disección post mortem,
¡Ah! no tiene sentido!
©ERA

1 comments:
Habia visto este poema en la revista Alaire. Interesante, me quedo esperando la sengunda parte.
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